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Un tributo a Oscar Azócar

Foto: Edgar Basalo / Prensa Bravos de Margarita
Foto: Edgar Basalo / Prensa Bravos de Margarita

Prensa Bravos de Margarita, junio 14.- "Le agradezco a la Confederación del Caribe el haberme elevado al Salón de la Fama de la Serie del Caribe. Y es que estos homenajes y reconocimiento deben tributarse en vida para que el pelotero lo disfrute con su familia, como hoy me toca a mí".

Lejos estaba Oscar Azócar aquella mañana del pasado 3 de febrero, en el Lido Hotel de Margarita y al momento de ser exaltado al Salón de la Fama de la Serie del Caribe, que cuatro meses más tarde sus palabras dejarían sabiduría para el recuerdo. Porque ese fue el último gran reconocimiento recibido en vida. ¡Y vaya que lo disfrutó! Parecía muchachito en navidad: todo sonrisas y alegría.

Como a aquella cita había faltado Wilson Álvarez, quien era su compañero de entronización en el mencionado salón, todos los flashes de la prensa y la atención de los asistentes, se concentraban sobre aquel pelotero cuya carrera había comenzado como lanzador, cambiada luego a los jardines y terminada en la primera base. Aquel jugador nacido en Soro (Sucre) el 21 de febrero de 1965, vivió con intensidad aquel día. Todavía en horas de la noche, en el estadio "Nueva Esparta", Oscar compartía con amigos y con el público. Fue su última noche relacionada directamente con el beisbol profesional.

La mañana de hoy nos trajo una triste noticia: Oscar Azócar había fallecido en una clínica de Valencia - ciudad donde residía-, víctima de un ataque cardíaco y a la aún temprana edad de 45 años. Todas las imágenes que hemos plasmado en las líneas iniciales de esta nota, desfilaron por nuestra mente.

Luego, el archivo de recuerdos se activó. Y rememoramos instantes de su carrera, como aquellos cuando comenzaba como lanzador de los Leones del Caracas en la campaña 1983-84. Aquel zurdo estaría sobre el montículo hasta 1987, cuando fue convertido en jardinero y empezó a mostrar un bate capaz de transformar en imparable hasta los envíos más divorciados de la zona de strike.

En 1990 llegaría a las Mayores con los Yanquis de Nueva York y al año siguiente pasaría a los Padres de San Diego, donde estaría hasta 1992.

En el mejor beisbol del mundo no tuvo la suerte que le sobró en Venezuela. Al abandonar el ámbito de las Grandes Ligas, el Caracas pensó que Azócar entraba el tobogán de su cattera y lo envío a Caribes de Oriente. Oscar no logró encontrarse en la filas indígenas y los orientales le enviaron en aquel mismo 1993 a los Navegantes del Magallanes.

En Valencia tomó su segundo aire y al siguiente año le correspondería con un jonrón, clavarle la puñalada definitiva al Caracas con un oportuno cuadrangular, en el séptimo de la serie final, escenificado en el estadio "José Bernardo Pérez".

En 1995 pasaría a los Tigres de Aragua y en el 2000 a los Tiburones de La Guaira, con quienes cerraría en el 2002 su historial de jugador activo.

No volvió a colocarse una franela del beisbol profesional pues nunca fue requerido como técnico a pesar de su sapiencia. Su nueva faceta intentó encauzarla por la política, actividad en la cual duró poco tiempo, aunque nunca abandonó sus convicciones de luchador social.

Desde los Bravos de Margarita nuestra eterna plegaria por el alma de Oscar Azócar y muestra palabra de conformidad para sus familiares. ¡Paz a sus restos!


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